miércoles, 27 de mayo de 2009

LA EPIDEMIOLOGÍA Y EL EFECTO INGRATITUD ( a propósito de la gripe porcina)


Francisco Garrido.
La gripe porcina ha motivado una gran alarma social y una serie de medidas sanitarias preventivas por parte de gobiernos y de la OMS. Tales medidas, a juicio de algunos (especialmente periodistas y tertulianos) son excesivas y alarmistas, pues al fin y al cabo, no ha muerto casi nadie. Nos recuerdan como con la gripe aviar también paso algo parecido y tampoco o ocurrió apenas nada.¿ Pero si ocurriera que “no ha pasado nada debido a la alarma y a las prevenciones tomadas?
Este parece ser el drama de todas las disciplinas y políticas que tiene como objetivo evitar daños que no se ha aún producidos. Es lo que se denomina “el efecto ingratitud”: nadie, o en todo caso muy pocos, se percatan gratamente de la acción positiva que constituye la no ocurrencia de un mal o daños evitado. Las políticas preventivas exitosas tiene como oscuro y decepcionante escenario de éxito no la producción de un algo ( que puede sewr presentado y objetivado) sino su evitación. Los que nos dedicamos al estudio de la ecología política y pasamos tanto tiempo trazándonos como objetivos la minimización de impactos sabemos cuán ingrato puede ser estos objetivos. Puesto que en el mejor de los casos el éxito consiste en que no ocurra nada.
La epidemiologia se encarga precisamente de esto: hacer cosas para evitar que otras cosas (contagios, morbilidad , mortalidad) se hagan. Se trata de una disciplina de la salud pública que estudia las epidemias (los fenómenos de expansión de enfermedades contagiosas agresivas). Epidemiólogos y epidemiólogas suelen ser los que programan, planifican y gestiona las crisis sanitarias. Desgraciadamente, y debido al “efecto ingratitud”, sólo son visibles cuando no tienen éxito. Pues como ha ocurrido con la gripe aviar , y ojala ocurra con esta, cuando tiene éxito o son ignorados o se les acusa de alarmismo y de precipitación.
Por lo que sabemos, que no es mucho, de la gripe porcina actual es que supone un tipo de cepa desconocido, que tiene un índice de contagio y morbilidad alto, aunque el índice de mortalidad es bajo. Pero si finalmente el virus consigue infestar mucha gente, en especial en países pobres ( cuestión perfectamente posible dado el medio de expansión del virus, el aire, y el hecho de que en unas pocas semanas existan ya más de cuarenta países afectados); la mortalidad subiría enormemente y la posibilidad de mutaciones aún más agresivas es altamente probable. ¿Hemos de esperar a que se infesten millones de personas o a que mueran cientos de miles?. Ya sabemos que el diagnóstico más certero es el que ofrece el forense pero quizás es ya un poco tarde…
Los riesgos a los que no sometemos en la actualidad son tan inconmensurables, sus efectos tan incontrolados e irreversibles, y el volumen de incertidumbre tan abrumador ; que si tenemos que esperar para actuar el momento en que obtengamos un tipo de certeza científica que muchos dudan que exista ( Popper dixit): puede ser que sea demasiado tarde. Por eso se ha instaurado el “principio de precaución” en lo tocante a la gestión de riesgos potencialmente inconmensurable (como el riesgo ecológico, nuclear, o pandémico). Es pues necesario tener una visión más racional y compleja de las decisiones y distinguir entre la certeza científicamente relevante y la certeza socialmente relevante. Hemos de ser tan sensible s, o aún más, a lo que no ocurre y no vemos ( el riesgo potencial altamente probable) que a lo que ocurre y vemos ( el daño y el impacto negativo)
Muchos de los que ridiculizan o atacan las políticas sanitarias preventivas o la aplicación del principio de precaución o niegan el cambio climático, lo hacen guiados por una ignorancia convenientemente orientada. ¿Orientada hacia donde? Hacia la salvaguarda del tótem moderno: la producción, el consumo y el beneficio monetario. Intuyen, no sin razón, que la aplicación de una política basad en la prevención del riesgo es incompatible con el modelo de desarrollo dominante .Como en los viejos comic de atracadores, a estos si les dan a elegir entre la bolsa o la vida, erigirían siempre la bolsa. Hacen daño, tanto daño, tratando de ridiculizar a la OMS. Estimulan en la ciudadanía, algo que está en la periferia de nuestro sistema cognitivo , ese “efecto ingratitud” que tan simple y peligroso puede ser.

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