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sábado, 27 de junio de 2009

ANDALUCES POR ANDALUCÍA

Manifiesto de Paralelo 36
Ciudadanas y ciudadanos de Andalucía:
Colectivos, asociaciones, partidos y sindicatos de la izquierda andaluza:
Amigas y amigos:

El consejo de redacción de Paralelo 36
somete a vuestra consideración un análisis de la crisis que padecemos y os llama a la articulación de un espacio andaluz de progreso.

La brutal crisis que padecemos ha sido producto, es síntoma y será causa de profundas transformaciones de la sociedad. Los orígenes profundos de esta crisis estructural se pueden sintetizar en dos niveles.
  • A nivel externo, la crisis es el producto de la desconexión entre el sistema económico y la realidad biofísica del planeta. Desde su programación capitalista, los sistemas económicos no han sabido ver el límite. El capital nunca ha considerado las variables naturales de los ecosistemas relevantes para la vida y para la duración como elementos económicos. Fuera del sistema de precios, estas variables han sido utilizadas de manera insostenible, agotadas sin reposición y destruidas sin más. El sistema tampoco ha sabido ver e interiorizar lo que hay después de la producción, la distribución y el consumo de bienes: los residuos. Fuera también del sistema de precios, la capacidad de la biosfera para metabolizar residuos ha sido desbordada y ha provocado el calentamiento global y el cambio climático.

  • A nivel interno, la crisis es producto de la dificultad de reproducción del capital productivo, núcleo del sistema capitalista. La huida de este capital industrial hacia el capital financiero y especulativo ha provocado la gran burbuja que, al estallar, ha generado la crisis bancaria y algo mucho peor: un efecto pobreza. La caída de la demanda de productos y de la capacidad de inversión por parte de las empresas y de las familias empobrecidas ha provocado una espiral de cierre de empresas, paro masivo y deflación. Más pobreza alimentando a la pobreza en una espiral cuyo fin no se ve.
  • Ambos niveles se han retroalimentado en una espiral productivista y han conformado tanto la actual dinámica de las instituciones políticas como los valores dominantes, los marcos cognitivos de la sociedad, en torno al individualismo y la competitividad como factores imprescindibles para que el consumismo, la otra cara del productivismo, se convirtiera en la principal motivación vital compartida por la especie.

    En Andalucía la crisis tiene matices. Ha mostrado que muchos de los viejos problemas siguen vivos y que a éstos se les ha unido la destrucción y degradación ambiental. Tenemos una tasa de paro brutal. Y la dependencia de sectores como el turismo, la construcción o la agricultura intensiva nos convierten en una comunidad desarticulada y dependiente. Además la crisis a Andalucía no llega sola: No puede ser casual que esta crisis venga a ocurrir en un momento político en que el bipartidismo se consolida, en el que la separación entre la política y la realidad crece y en que los territorios políticos de progreso como Andalucía o Europa están desapareciendo. La vuelta del protagonismo de los Estados-Nación tradicionales es un mala noticia.

    En Andalucía todo esto se agrava: nuestra democracia es de muy baja calidad, no hay alternancia electoral desde la constitución del Parlamento andaluz hace más de 25 años, después de ocho consultas
    electorales carecemos de un auténtico espacio político propio, se ha convertido en norma la convocatoria simultánea de elecciones autonómicas y estatales; no existen medios de comunicación independientes de ámbito andaluz; la sociedad andaluza es muy dependiente del clientelismo del poder y apenas ha generado líderes sociales independientes, incluso estamos asistiendo a un intento de asimilación de todo lo que pudiera tener potencial para convertirse en alternativo.

    La crisis pues es al mismo tiempo global y local, mundial y andaluza, ecológica y económica, política y ética... La ausencia de respuesta y alternativas por parte de la izquierda es evidente. Seguimos teniendo una izquierda del siglo XX, anclada en partidos políticos que son meras maquinarias electorales de profesionales entregados al peligroso juego de la mercadotécnia política, del desconcierto ideológico y del oportunismo electoral. Parece que nadie en la "clase política" dominante se quiere enterar de la gravedad de la situación. Al igual que los desgraciados pasajeros de un Titanic planetario siguen bailando y participando en la fiesta del consumo en la cubierta de un nave que se va a pique.

    En una palabra, la crisis es civilizatoria porque constata la inviabilidad de la actual programación de los sistemas de la sociedad y la izquierda mayoritaria, sin embargo, se empeña en un reformismo sin sentido.

    Una misma cuestión ético-política atraviesa y explica en lo global y en lo andaluz, el ecocidio, la pobreza, la dependencia cuasi-colonial, los déficits democráticos y el patriarcado. Es necesario reprogramar ecológicamente al capital, tomar en serio la democratización del estado, sacar a la nación andaluza de la dependencia económica y la colonización cultural, reabrir el espacio europeo como espacio de libertad, abolir el patriarcado, los residuos activos del vasallaje y reconstruir las condiciones para la autonomía moral del ciudadano y la ciudadana, libres e iguales.

    La sociedad tiene que poder elegir una nueva alternativa política y para eso es imprescindible refundar la izquierda, el ecologismo y el andalucismo. Si una misma cuestión ético-política está detrás del ecocidio, de la pobreza, del colonialismo y del patriarcado, entonces estamos obligados a formular una misma estructura compleja de resistencia, y una misma alternativa ecosocialista, ecoandalucista y ecofeminista

    Para construir esta alternativa es fundamental la fusión del andalucismo con el ecologismo político, con la tradición progresista y democrática de la izquierda crítica con el capitalismo, con el feminismo y con los movimientos antiglobalizadores, porque cada uno de ellos ha profundizado en una parte del todo que es la sociedad posible y deseable y la difícil transición desde la lógica desarrollista hasta una realidad postindustrial.

    Este proyecto va más allá de un conjunto de partidos políticos e incluso más allá de la suma de personas y organizaciones que lo puedan suscribir. Instamos al conjunto de la sociedad andaluza a utilizar sus mejores herramientas para extraer todas las energías y esperanzas, pero también la rebeldía y la crítica, ante una situación que ya es de emergencia pero que puede serlo aún más en un futuro demasiado próximo. Por eso es una propuesta abierta e integradora para consensuar un itinerario y un horizonte para los próximos años que tiene que concretarse (no sólo pero también) en una oferta electoral. Se trata de impulsar el renacimiento de Andalucía a pesar de la crisis o precisamente porque ésta no nos deja otra salida. Tenemos que arriesgarnos a salir del mundo de las ideas al del compromiso político con el presente y el fututo del pueblo andaluz, porque nuestra sociedad nos está diciendo con claridad que lo de hoy ya no sirve.

    Debemos conseguir una opción electoral cuyas coordenadas son: la sinceridad, la honradez, la transparencia, la austeridad, la prudencia, el coraje, la autonomía, la igualdad, el reencuentro con la naturaleza y la construcción de Andalucía como nación de Europa, con fuerza para reclamar lo que le corresponde y con autoestima para salir de esta crisis a fuerza de ideas, sacrificio y solidaridad. Estamos en una segunda transición mucho más compleja y difusa que la primera. Es el momento de las ideas para el cambio, de la construcción de equipos para el liderazgo social y de la vuelta de la política con mayúscula, la que mira a nuestra sociedad y entiende que el poder sólo es un medio y no un fin en sí mismo.

    Es por todo esto por lo que llamamos a las ciudadanas y ciudadanos de Andalucía, a las organizaciones sociales y políticas de la izquierda, del ecologismo y del andalucismo, nacionales o locales, nuevas o tradicionales a la apertura de un nuevo ciclo histórico, un nuevo 4 de diciembre que emerja en cada una de las ciudades y pueblos de Andalucía, que piense en lo global y actúe en lo local, y que confluya en una articulación política roja, violeta, verde y blanca, capaz de cambiar otra vez el curso de la historia.


    ¡
    Viva Andalucía Libre!



    Paralelo 36. Junio 2009.

miércoles, 11 de marzo de 2009

8 DE MARZO Y 11 DE MARZO: PACTO INTERGÉNEROS EN UN PACTO MULTICULTURAL


El día internacional de las mujeres, el 8 de marzo, está plagado de notas, artículos, comentarios sobre la situación de la población femenina, sobre la justa y necesaria reivindicación de la igualdad de género y contra la discriminación sexual.

En primer lugar, quisiera hacer una propuesta de cambio del discurso. No me refiero en esta ocasión a terminar con el uso del lenguaje sexista, absolutamente extendido, anquilosado y necesario de revisión, sino a la necesidad de utilizar otro tono de cercanía entre los mundos femeninos y masculinos. Expresiones, tomadas de un excelente artículo de Elena Simón titulado “Feminismos de ayer y de hoy”, tales como “comunicación entre iguales”, “reconocimiento mutuo” o “pacto intergéneros” simbolizan ese impostergable acercamiento y evocan al acuerdo y al trabajo conjunto, más que a la simple solidaridad o empatía.

En segundo lugar, siguiendo el escrito mencionado, el reconocimiento al carácter de impertinente (por molesto al régimen patriarcal imperante), insurgente (por nacer desde el interior del propio sistema) y subversivo (por querer dar la vuelta al status de discriminación padecido) de los movimientos feministas. En estos tiempos de unipolaridad y “centrismo” en los planteamientos políticos, se hacen imprescindibles las palabras directas, expresiones determinantes, aunque pudieran ser tachadas de radicales y extreminstas. Mucho tenemos que aprender, desde otros movimientos emancipadores o libertarios, de esta impertinencia, insurgencia y subversión.

En tercero, hay algunas cuestiones que planteo a la reflexión e incluso a la reacción.

Los movimientos antipatriarcales, los feminismos, profeminismos (de hombres), la lucha por la igualdad de géneros, no pueden ser corrientes aisladas, particulares, inconexas. No pueden creer que levantan más ampollas que cualquier otra teoría emancipatoria. Este planteamiento tan extendido roza el victimismo. Es necesario mencionar que los procesos de liberación, los pensamientos críticos, los movimientos insurgentes siempre provocan enfrentamiento, lucha, resistencias, no sólo la lucha por la igualdad de género, sino cualquier otra de este calibre. Se echa de menos la alianza de los movimientos emancipatorios, sin perder su identidad ni dispersar esfuerzos, sin renunciar a su propia agenda ni anteponer luchas o estrategias con otros fines, pero, en ocasiones y globalmente, se hace necesario unir fuerzas en objetivos que nos liberen a toda la humanidad, sin caer en la discusión sobre qué lucha levanta más ampollas o cual un poco menos.

La segunda cuestión, y ahora entro en la relación entre el 8 y el 11 de marzo, es el tratamiento de la igualdad de género y de otras visiones culturales o, mejor dicho, el paradigma de partida ante las diferencias culturales. El pensamiento dominante plantea que la única diferencia entre culturas, respecto a la igualdad, viene dada por el grado de intensidad que tienen respecto a las reformas y cambios desde las tradiciones hacia los derechos, desde el autoritarismo hacia la democracia. Se describe así una única línea ascendente que va de las tradiciones a los derechos, identifica tradiciones con autoritarismo y derechos con democracia. Es un paradigma positivista, racionalista, eurocéntrico que parece negar el pluralismo cultural, esa heterogeneidad de cosmovisiones que tanto nos gusta enunciar en occidente, pero que en la práctica es tan difícil practicar. Sé que es tema espinoso, pero he tenido la ocasión de vivir en lugares donde la cultura autóctona tradicional ha generado mayor grado de igualdad de género y menor de discriminación sexual, que en nuestra “avanzada e igualitaria” democracia occidental. Tradición no es igual a autoritarismo per se, y mucho menos derecho es democracia. En ningún caso podemos ser tolerantes con prácticas discriminatorias, pero ni tradicionales ni modernas, ni europeas ni extraeuropeas. Tenemos que ser más exigentes y aplicarnos la autocrítica. No podemos permitirnos dar lecciones de igualdad de género, y menos desde esta España que hasta antesdeayer vivía en la más profunda de las oscuridades discriminatorias. Como ejemplo, fuera de nuestro país les llama mucho la atención la dureza de la violencia machista y el número de asesinadas por esta causa.

Se hace necesario un pacto intergéneros en un pacto multicultural. Luchar por la igualdad estableciendo alianzas entre movimientos de liberación, reconocidos como diferentes pero cercanos en el conseguir un mundo mejor. Cada cultura y subcultura, desde su interior, de manera endógena, debe establecer sus propias estrategias frente a las desigualdades y la discriminación sexual, con el concierto y el apoyo solicitado de otras, apertura a alternativas, deseos de aprendizaje y mentes deseosas de conocer las prácticas de quien está al lado.

Vicente Álvarez Orozco

jueves, 5 de marzo de 2009

Derechos públicos, conciencias privadas


Por Lola Ruiz

Portavoz de IULVCA en el Ayuntamiento de Granada

En un estado de derecho todos los ciudadanos y ciudadanas disfrutan de todos los derechos humanos. El movimiento feminista tiene y ha tenido un papel incuestionable en la construcción del estado de derecho. Ha sido determinante para conseguir derechos “escondidos” entre las cuatro paredes de las casas, que pasaban “desapercibidos” al poder eminentemente patriarcal.
Luchamos y conseguimos que el adulterio dejara de ser un delito. Las mujeres adúlteras no eran lapidadas con piedras, pero sí con palabras. Además de ir a la cárcel. Los varones no.
Luchamos y conseguimos la mayoría de edad. Hace muy poco tiempo no podíamos sacarnos el pasaporte o abrir una cuenta corriente, sin la autorización de nuestro padre y/o de nuestro marido. Ya no.
Luchamos y conseguimos el derecho al divorcio. A pesar de las voces que se alzaron desde la iglesia católica y de otros ámbitos conservadores.
Luchamos y conseguimos la igualdad formal para poder acceder al empleo. Todavía hay diferencias en el acceso y en la remuneración económica. Queda pendiente por conseguir “a igual trabajo, igual salario”
Luchamos y conseguimos cambiar la terminología y el concepto sobre el maltrato y la violencia hacia las mujeres y redoblar los esfuerzos para acabar con ella. Todavía no ha terminado.
Luchamos y conseguimos empezar a romper el “techo de cristal”, acceder a puestos de responsabilidad. Aún falta bastante. Muchos techos, más que de cristal, son de hormigón armado.
Luchamos y no conseguimos el derecho al aborto. El proceso que se abrió a 11 mujeres en Bilbao en 1.979 inició un camino de luchas y movilizaciones que llegan hasta hoy. Porque la represión no ha parado. En octubre de 1.980 son detenidas 29 personas, veinte de ellas acusadas de haber realizado prácticas abortivas en el Centro Los Naranjos de Sevilla. Las movilizaciones se suceden para solicitar la libertad de las personas detenidas y el derecho al aborto. En enero de 1.981 se entregan en el juzgado número seis de Sevilla 26.249 firmas de mujeres y hombres que declararon haber abortado o colaborado en la práctica de abortos. Entre 1981 y 1983 las detenciones de Pere Enguix y su grupo de Valencia. En abril de 1.992 el Parlamento europeo aprueba una resolución solicitando al Gobierno que cesen las persecuciones, detenciones, juicios, etc. por aborto. A pesar de ello, han continuado, siendo los últimos casos los acosos y registros sufridos por las clínicas de Barcelona o Madrid acreditadas para realizar interrupciones de embarazo y la intromisión en la privacidad de las mujeres que han acudido a dichas clínicas por diferentes motivos.
La Coordinadora Feminista realiza una propuesta de ley en 1.982. La respuesta es una despenalización parcial en tres supuestos: riesgo para la salud física y psíquica de la madre, violación y malformaciones en el feto. El aborto sigue siendo un delito.
Las mujeres, las feministas, sabemos que los derechos no se regalan, se consiguen. Por eso seguimos luchando y batallando. Para disfrutar de una sociedad democrática plena donde estén reconocidos todos los derechos. Incluido el derecho al aborto. Regulado a través de una ley de plazos. Donde se ponga como límite la viabilidad fetal tal y como lo establece la Organización Mundial de la Salud que considera que el aborto es “la interrupción del embarazo antes de la viabilidad fetal”. Donde las mujeres sean las responsables de su decisión. Que se realice en la sanidad pública, para garantizar la igualdad. Además de impulsar, generalizar y hacer universal la información y educación sexuales. Para garantizar una sexualidad libre y placentera. Sin riesgos. Para evitar embarazos no deseados.
Eso es lo que queremos.
Eso es lo que exigimos.
Eso es lo que esperamos de un gobierno que se dice progresista. Si las mayorías absolutas del PSOE con Felipe González no tuvieron la voluntad y valentía políticas para hacerlo, esperamos que el actual gobierno del PSOE, sí. Que no lo deje a medias, imponiendo unos plazos tan cortos que dejan fuera a muchas mujeres. Contemplar hasta las 24 semanas y, tal y como está actualmente, sin límite cuando se trate de malformaciones graves.
Establecer un derecho no es imponer su práctica. El derecho al divorcio no implica que todo el mundo se tenga que divorciar. El derecho al aborto no implica que todo el mundo tenga que abortar.
Prohibir derechos sí implica que no se puedan disfrutar. He ahí la diferencia.
Impedir cualquier derecho público basándose en conciencias privadas es limitar la libertad, la justicia, la igualdad. Es minar los pilares básicos del estado de derecho. En nuestro país lo construimos poco a poco. El camino recorrido y el que queda por recorrer es largo, en ocasiones escarpado y con muchos obstáculos. Obstáculos impuestos por aquellas personas y/o colectivos que quieren imponer su conciencia privada sobre los derechos públicos. Legislar basándose en los presupuestos filosóficos de cualquier creencia religiosa supone limitar los derechos civiles. Se critica cuando es con una interpretación del Islam y sin embargo cuando las ingerencias en derechos civiles son de otras confesiones religiosas, especialmente la católica, no.
Pero, una sociedad plenamente democrática ha de separar creencias privadas y derechos públicos.