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viernes, 3 de julio de 2009

Desdén




Antonio Manuel

Hace unos años el Centro de Arte Reina Sofía dedicó una retrospectiva al Equipo 57 que no mereció una línea para la prensa local. Lejos de la queja o del resentimiento, uno de sus integrantes escribió una carta al director radiografiando el alma de Córdoba en relación a lo ajeno. La llamó desdén. Y acertó.

El desdén ocupa la zona secante entre la indiferencia y el menosprecio. Indolencia con mala leche. Creo que fue Salvador quien definió a esta ciudad como una madre que amamanta a sus hijos con vinagre. Quizá por eso los cordobeses más ilustres nacieron fuera de la ciudad: Vicente Amigo (Guadalcanal, Sevilla); Carlos Castilla del Pino (San Roque, Cádiz); Antonio Gala (Brazatortas, Ciudad Real); Manuel Concha (Nules, Castellón); Manuel Pimentel (Algodonales, Cádiz); Juan Serrano “Finito de Córdoba” (Sabadell, Barcelona)…Ellos echaron raíces aquí. Por el contrario, los nativos tuvieron que emigrar de esta ratonera para eludir el veneno de la envidia.

Yo amo Córdoba precisamente por su desdén. Porque desprecia a quien la ama. El desdén actúa como un mecanismo de defensa del Yo. Culpa al otro antes que a uno mismo. Y lo mengua hasta caber en una caja de zapatos. Así es Córdoba. La ciudad de las luces que cada noche rompe a pedradas sus farolas. Joda a quien joda, Cosmopoética, el Festival Internacional de la Guitarra o La Noche Blanca del Flamenco son éxitos. Y esta vez no seré yo quien escupa encima. Aunque reconozco que el desdén de la Córdoba pacata y ciega es el estiércol que mejor ayuda a que germine la semilla.

Rezo para que algún día este desdén contamine al resto de los andaluces. Y que unan a su enfermiza pasividad ese punto de mala hostia. He llegado a tal extremo de desesperanza que me conformaría con un puñetazo en la mesa sin derramar el vino. Porque no merecemos tanta mierda. Mientras las pasamos putas para pagar la hipoteca, la Presidenta de nuestro Parlamento reside por la cara en él y organiza con nuestro dinero fiestas flamencas en el patio. Mientras los mineros de Boliden se encierran en una huelga de hambre por el incumplimiento de Chaves, la hija de éste recibe de la Junta una millonada para su empresa. Mientras superamos la tasa del 25% de paro, enchufan al alcalde del pueblo que le dio la licencia, a varios de sus familiares y convidan a su hijo a una luna de miel. Ni siquiera juzgo la naturaleza delictiva de esas conductas: son inmorales. Indecentes. Decía el iluso de Henry Adams que la sociedad es inmoral e inmortal, pero un joven sólo tiene una oportunidad y poco tiempo para aprovecharla. ¿Pero dónde está? Por supuesto no en la otra acera donde se consiente la misma peste a Bárcenas y similares. Sus maquinarias glaciales de poder lanzan opas hostiles a los alcaldes andalucistas o a los homosexuales de COLEGA con tal de matar al otro. Y en medio de ambos saturnos devorando a sus hijos, cada vez más nada. Apenas una panda de comunistas conservadores que no saltan de su patera por temor a ahogarse.

Andalucía duerme. Que nadie la despierte vaya a ser que nos mire con desdén.

sábado, 27 de junio de 2009

ANDALUCES POR ANDALUCÍA

Manifiesto de Paralelo 36
Ciudadanas y ciudadanos de Andalucía:
Colectivos, asociaciones, partidos y sindicatos de la izquierda andaluza:
Amigas y amigos:

El consejo de redacción de Paralelo 36
somete a vuestra consideración un análisis de la crisis que padecemos y os llama a la articulación de un espacio andaluz de progreso.

La brutal crisis que padecemos ha sido producto, es síntoma y será causa de profundas transformaciones de la sociedad. Los orígenes profundos de esta crisis estructural se pueden sintetizar en dos niveles.
  • A nivel externo, la crisis es el producto de la desconexión entre el sistema económico y la realidad biofísica del planeta. Desde su programación capitalista, los sistemas económicos no han sabido ver el límite. El capital nunca ha considerado las variables naturales de los ecosistemas relevantes para la vida y para la duración como elementos económicos. Fuera del sistema de precios, estas variables han sido utilizadas de manera insostenible, agotadas sin reposición y destruidas sin más. El sistema tampoco ha sabido ver e interiorizar lo que hay después de la producción, la distribución y el consumo de bienes: los residuos. Fuera también del sistema de precios, la capacidad de la biosfera para metabolizar residuos ha sido desbordada y ha provocado el calentamiento global y el cambio climático.

  • A nivel interno, la crisis es producto de la dificultad de reproducción del capital productivo, núcleo del sistema capitalista. La huida de este capital industrial hacia el capital financiero y especulativo ha provocado la gran burbuja que, al estallar, ha generado la crisis bancaria y algo mucho peor: un efecto pobreza. La caída de la demanda de productos y de la capacidad de inversión por parte de las empresas y de las familias empobrecidas ha provocado una espiral de cierre de empresas, paro masivo y deflación. Más pobreza alimentando a la pobreza en una espiral cuyo fin no se ve.
  • Ambos niveles se han retroalimentado en una espiral productivista y han conformado tanto la actual dinámica de las instituciones políticas como los valores dominantes, los marcos cognitivos de la sociedad, en torno al individualismo y la competitividad como factores imprescindibles para que el consumismo, la otra cara del productivismo, se convirtiera en la principal motivación vital compartida por la especie.

    En Andalucía la crisis tiene matices. Ha mostrado que muchos de los viejos problemas siguen vivos y que a éstos se les ha unido la destrucción y degradación ambiental. Tenemos una tasa de paro brutal. Y la dependencia de sectores como el turismo, la construcción o la agricultura intensiva nos convierten en una comunidad desarticulada y dependiente. Además la crisis a Andalucía no llega sola: No puede ser casual que esta crisis venga a ocurrir en un momento político en que el bipartidismo se consolida, en el que la separación entre la política y la realidad crece y en que los territorios políticos de progreso como Andalucía o Europa están desapareciendo. La vuelta del protagonismo de los Estados-Nación tradicionales es un mala noticia.

    En Andalucía todo esto se agrava: nuestra democracia es de muy baja calidad, no hay alternancia electoral desde la constitución del Parlamento andaluz hace más de 25 años, después de ocho consultas
    electorales carecemos de un auténtico espacio político propio, se ha convertido en norma la convocatoria simultánea de elecciones autonómicas y estatales; no existen medios de comunicación independientes de ámbito andaluz; la sociedad andaluza es muy dependiente del clientelismo del poder y apenas ha generado líderes sociales independientes, incluso estamos asistiendo a un intento de asimilación de todo lo que pudiera tener potencial para convertirse en alternativo.

    La crisis pues es al mismo tiempo global y local, mundial y andaluza, ecológica y económica, política y ética... La ausencia de respuesta y alternativas por parte de la izquierda es evidente. Seguimos teniendo una izquierda del siglo XX, anclada en partidos políticos que son meras maquinarias electorales de profesionales entregados al peligroso juego de la mercadotécnia política, del desconcierto ideológico y del oportunismo electoral. Parece que nadie en la "clase política" dominante se quiere enterar de la gravedad de la situación. Al igual que los desgraciados pasajeros de un Titanic planetario siguen bailando y participando en la fiesta del consumo en la cubierta de un nave que se va a pique.

    En una palabra, la crisis es civilizatoria porque constata la inviabilidad de la actual programación de los sistemas de la sociedad y la izquierda mayoritaria, sin embargo, se empeña en un reformismo sin sentido.

    Una misma cuestión ético-política atraviesa y explica en lo global y en lo andaluz, el ecocidio, la pobreza, la dependencia cuasi-colonial, los déficits democráticos y el patriarcado. Es necesario reprogramar ecológicamente al capital, tomar en serio la democratización del estado, sacar a la nación andaluza de la dependencia económica y la colonización cultural, reabrir el espacio europeo como espacio de libertad, abolir el patriarcado, los residuos activos del vasallaje y reconstruir las condiciones para la autonomía moral del ciudadano y la ciudadana, libres e iguales.

    La sociedad tiene que poder elegir una nueva alternativa política y para eso es imprescindible refundar la izquierda, el ecologismo y el andalucismo. Si una misma cuestión ético-política está detrás del ecocidio, de la pobreza, del colonialismo y del patriarcado, entonces estamos obligados a formular una misma estructura compleja de resistencia, y una misma alternativa ecosocialista, ecoandalucista y ecofeminista

    Para construir esta alternativa es fundamental la fusión del andalucismo con el ecologismo político, con la tradición progresista y democrática de la izquierda crítica con el capitalismo, con el feminismo y con los movimientos antiglobalizadores, porque cada uno de ellos ha profundizado en una parte del todo que es la sociedad posible y deseable y la difícil transición desde la lógica desarrollista hasta una realidad postindustrial.

    Este proyecto va más allá de un conjunto de partidos políticos e incluso más allá de la suma de personas y organizaciones que lo puedan suscribir. Instamos al conjunto de la sociedad andaluza a utilizar sus mejores herramientas para extraer todas las energías y esperanzas, pero también la rebeldía y la crítica, ante una situación que ya es de emergencia pero que puede serlo aún más en un futuro demasiado próximo. Por eso es una propuesta abierta e integradora para consensuar un itinerario y un horizonte para los próximos años que tiene que concretarse (no sólo pero también) en una oferta electoral. Se trata de impulsar el renacimiento de Andalucía a pesar de la crisis o precisamente porque ésta no nos deja otra salida. Tenemos que arriesgarnos a salir del mundo de las ideas al del compromiso político con el presente y el fututo del pueblo andaluz, porque nuestra sociedad nos está diciendo con claridad que lo de hoy ya no sirve.

    Debemos conseguir una opción electoral cuyas coordenadas son: la sinceridad, la honradez, la transparencia, la austeridad, la prudencia, el coraje, la autonomía, la igualdad, el reencuentro con la naturaleza y la construcción de Andalucía como nación de Europa, con fuerza para reclamar lo que le corresponde y con autoestima para salir de esta crisis a fuerza de ideas, sacrificio y solidaridad. Estamos en una segunda transición mucho más compleja y difusa que la primera. Es el momento de las ideas para el cambio, de la construcción de equipos para el liderazgo social y de la vuelta de la política con mayúscula, la que mira a nuestra sociedad y entiende que el poder sólo es un medio y no un fin en sí mismo.

    Es por todo esto por lo que llamamos a las ciudadanas y ciudadanos de Andalucía, a las organizaciones sociales y políticas de la izquierda, del ecologismo y del andalucismo, nacionales o locales, nuevas o tradicionales a la apertura de un nuevo ciclo histórico, un nuevo 4 de diciembre que emerja en cada una de las ciudades y pueblos de Andalucía, que piense en lo global y actúe en lo local, y que confluya en una articulación política roja, violeta, verde y blanca, capaz de cambiar otra vez el curso de la historia.


    ¡
    Viva Andalucía Libre!



    Paralelo 36. Junio 2009.

lunes, 15 de junio de 2009

Crónica de una muerte probable




Antonio Manuel

Johanna decidió morir de vieja en Italia. Era pensionista. Marchó unos días a las playas de Brasil con su pareja. Llegó tarde al aeropuerto para tomar el vuelo 447 de regreso. El retraso le salvó la vida. El avión cayó al agua disfrazado de ataúd comunitario. Volvió a Munich para compartir el afortunado suceso con su familia. Y luego acordaron regresar en coche al Tirol italiano. A mitad de camino, un camión decidió llevarles la contraria. Estaba escrito, dirán unos. Otros que no. Apenas un doble renglón en la carretera que prohibía invadir el carril contrario. Él está ingresado en estado crítico. Ella ha muerto. Sintiéndose joven. Lejos de Italia.

La probabilidad de morir en caso de accidente es infinitamente más elevada viajando en avión que en coche. Sin embargo, la probabilidad de sufrir un accidente es infinitamente más elevada viajando en coche que en avión. En consecuencia, el cielo es más seguro para vivir y morir. Mientras que el asfalto admite mayor incertidumbre en el resultado, aunque con la certeza absoluta de causar más muertes y heridos. Max Frisch, en su novela Homo Faber, desafía las leyes de la probabilidad en dos ocasiones: salvando al protagonista de un accidente de avión en México; y condenándolo a enamorarse de una hija que no conocía durante un crucero en Grecia. Así demuestra que es un error infantil elevar a dogma lo probable. Tan equivocado como no echarle cuentas.

La versión actual del andalucismo político ha muerto. Viajaba en coche. A ras de suelo. Invadiendo el carril contrario. Conduciendo suicida. Con los ojos cerrados. Las últimas elecciones europeas han levantado su acta de defunción a la vez que expedía la partida de nacimiento de UPyD. Una opción política que viaja en avión. Con la cabeza en las nubes pero con los pies en el suelo. Yo no comparto la base de su ideología. Especialmente lo relativo a su nacionalismo españolista enmascarado de igualdad ciudadana. Muchos de sus votantes alegan orgullosos estar en contra del Estado de las autonomías. A pesar de ello, ya en su momento elogié a Savater por su compromiso intelectual e independiente con su noción democrática de España. Y ahora debo reconocer el éxito de su formación salvando la invisibilidad mediática impuesta por un régimen electoral injusto.

Siempre he luchado por la biodiversidad política en Andalucía. El pluralismo ideológico con representación parlamentaria es el mejor síntoma de sanidad democrática. Por eso es urgente e inexcusable que exista una opción netamente andaluza, con fuerza centrífuga, que aglutine el pensamiento universalista, humanista, ecologista y radical demócrata por el que se dejó la vida Blas Infante. Empezando por asumir que han muerto todas las que existían. Que la probabilidad de seguir viajando en coche sólo traerá más muertes y paraplejías. Que hay que subir a un avión. La presión matará las ratas que se cuelen en el equipaje. Y volar alto. El riesgo de accidente es menor. Aunque mueran todos al estrellarse. O no. Eso lo decide la vida, no las estadísticas.

lunes, 1 de junio de 2009

Igualdad en especie




Antonio Manuel

Soy feminista. Y no creo en el nombre del Ministerio ni de la Consejería de Igualdad. Tampoco en el planteamiento de sus políticas, objetiva y subjetivamente hablando. En lo que hacen y en quienes lo hacen. Porque son una metonimia. Y un engaño en sí mismas. Todas y todos sabemos por qué y para qué se crearon. Así que su nombre correcto hubiera sido Ministerio o Consejería “para la igualdad”. Y no una igualdad cualquiera ni entre cualquiera, sino “efectiva entre géneros”. En unos casos luchando para evitar el matrimonio forzado de una menor. En otros, para admitir que compitan hombres en natación sincronizada o gimnasia rítmica. Los únicos deportes doblemente sexistas, porque todos los demás ya lo son.

Soy feminista. Y me escama que la igualdad entre géneros se haya convertido en un tótem deslocalizado. Nuestros legisladores se limitan a copiar normas europeas, olvidando que los contextos jurídicos y materiales son radicalmente distintos para una mujer en Suecia que en Andalucía. Porque las políticas de igualdad parten de un presupuesto equivocado: no son iguales las diferencias. Les pondré un ejemplo. Se cierra en esta semana el plazo para inscribir niños y niñas en las guarderías andaluzas. Salvos casos excepcionales, se privilegia a las parejas con empleo y se penaliza a quienes no lo tienen. Este criterio obedece a una lógica impecable en sociedades con un paro insignificante: si un miembro de la pareja no quiere trabajar ni quedarse con el niño, que pague el servicio de guardería. Pero es una locura en sociedades como la andaluza donde una cuarta parte de la población no encuentra trabajo porque no lo hay. Eso implica una doble discriminación: antes que pagar los 278 euros mensuales por la guardería, uno de los demandantes de empleo se queda en casa. ¿Y adivinan quién es? La mujer. El centro pierde una plaza. Es decir, muchas. Y si es privado-concertado, es más que probable que tiemblen sus cuentas y las piernas de las personas contratadas (mujeres en su mayoría). En consecuencia, se discrimina a la mujer parada y a la mujer trabajadora: una condenada a no encontrar empleo y la otra a perderlo.

Soy feminista. Y he aprendido que los hombres y las mujeres no habitan en burbujas en el limbo, sino en un espacio y tiempo concretos. En culturas y estructuras políticas concretas. Y con problemas concretos que se resuelven con partidas presupuestarias y competencias jurídicas concretas. No es igual ser mujer jornalera en Andalucía que Ministra en Madrid. Y tampoco son iguales las jornaleras de Almería que las de Jaén. Uno de los mecanismos andaluces para corregir este déficit en igualdad era la mal llamada “deuda histórica”. Una cláusula viva para tomar de más en indicadores sociales negativos con relación a la media española. Primero la mataron cuantificándola. Ahora nos la quieren pagar en especie con el consentimiento de la Junta. La delegación socialista en Andalucía del Gobierno de España. Y nos conformaremos con suelo para construir a nuestra costa guarderías vacías.

martes, 12 de mayo de 2009

Germinal



Antonio Manuel















Octubre de 1902. Miles de mineros franceses acompañan al féretro de Émile Zola por las calles de París hasta el cementerio. Con banderas rojas y negras. Y los puños en alto. Y rosas rojas entre los dedos que después arrojan sobre su tumba, a gritos de Germinal, Germinal, Germinal. Su novela más conocida. Y la más inhumanamente humana. En ella describe la negrura de la mina y de la vida del minero. La muerte cotidiana en el pozo. El hambre. La nada. Hasta que unos huelguistas deciden buscar la luz en la superficie. La rebeldía se contagia como el ébola entre los insurgentes. A unos los mueve la utopía. A otros, el odio. El asesinato del líder comunal apaga la luz. Todos vuelven a la mina. Derrotados. Dejando sembrada una semilla de sol y libertad que quizá germine algún día. O nunca.

Mayo de 2009. Setenta y tres mineros de Boliden llevan acampados tres meses frente al Parlamento de Andalucía. Son los últimos hijos de la catástrofe de Aznalcóllar. El desastre ecológico más dañino ocurrido en la historia de Andalucía. Y de España. Una mancha de lodo sobre la tierra mayor que la del Prestige sobre el agua Sólo que miles de ciudadanos subieron solidariamente a Galicia para limpiar sus costas, mientras que los agricultores andaluces prefirieron la insolidaridad de la mancha para no perder la prueba de las indemnizaciones. Estos setenta y tres mineros sólo piden que se cumplan los acuerdos firmados con la Consejería de Innovación, ratificados por el ex Presidente Chaves. Cuando hace doce años se rompió la balsa de residuos, el Gobierno central delegó en la Junta la gestión del patrimonio de Boliden a cambio de dar una solución laboral a los más de 400 mineros que se quedaban en el paro. El plan quedó resuelto y firmado en 2007, con el compromiso de empezar a trabajar a finales de 2008. Todo mentira.

Se encerraron en la Catedral de Sevilla. Se encadenaron al Parlamento. Iniciaron una huelga de hambre… Hasta hacerse invisibles. Yo los conocí el mismo día que los servicios de seguridad del Parlamento me negaron entrar 1200 rollos de papel higiénico como símbolo de la utilidad práctica de la deuda histórica. Y se los dimos a ellos. A los pocos días volví al Parlamento a pedir a Griñán la convocatoria de elecciones propias para Andalucía. Entregué el mismo escrito a Javier Arenas (PP) y a Pilar González (PA), y mis compañeros a Pedro Vaquero (IU). Todo estaba plagado de medios de comunicación. Pero ningún cámara, ningún fotógrafo, ningún reportero dirigió su mirada crítica hacia las tiendas de campaña de los mineros. El martes volví a hablar con ellos. Están rotos. Cansados. Solos. Y empiezan a ser conscientes de que la Junta se están ensañando en su invisibilidad como señuelos de derrota para que ningún otro colectivo se atreva a imitarlos. Quizá los vuelvan a enterrar al sol de desempleo. Pero esta vez habrán sido las rosas rojas las culpables. Yo convoco al pueblo andaluz para que los apoye. Como sea. Para que la semilla que han sembrado germine definitivamente en sus casas. Que es donde deben vivir.

lunes, 20 de abril de 2009

Ladrón de bicicletas




Antonio Manuel



Una de mis escasas aspiraciones vitales consiste en no verme reflejado jamás en los ojos de Antonio Ricci, el Ladrón de bicicletas. Y si por mano del demonio me viera, que no me vean mis hijos. No recuerdo un catálogo de miradas tan derruidas y negras como las de aquel obrero en paro cuando empeña la ropa para recuperar su bicicleta; cuando se la roban mientras pega un cartel de Gilda; cuando encuentra al ladrón pero no logra recuperarla; cuando roba desesperadamente otra para sacar adelante a su familia; cuando es detenido y ridiculizado por la policía.… Siempre con el hijo por testigo de su fracaso existencial como hombre, marido y padre. El neorrealismo italiano consiguió hacer que la mentira del cine pareciera más verdad que la verdad misma. Y el surrealismo del gobierno andaluz que la verdad sea tan falsa que parezca mentira.

Porque es mentira que el cese de Chaves sea similar a los de Zaplana y Bono. Coinciden los supuestos de hecho, pero no los argumentos jurídicos ni sus consecuencias políticas. Para el papel del obrero, Vittorio De Sica seleccionó a un parado auténtico que acompañaba a la audición del hijo al que rechazó. En las tres dimisiones políticas, los directores también eligieron al padre. Pero valencianos y manchegos tuvieron que soportar al niño interinamente porque sus estatutos no concedían a sus respectivos presidentes la potestad de disolver sus parlamentos y convocar elecciones. Todo cambió con la Ley de 18 de mayo de 1994, (aprobada con el apoyo de Arenas, Rejón y Pacheco), que concedía al Presidente de la Junta la misma competencia que al gallego, catalán o vasco: convocar elecciones propias para Andalucía. Y Chaves tomó la palabra a la oposición, traicionó el espíritu de la norma, y las anticipó para hacerlas coincidir con las Generales de 1996. Y desde entonces hasta ahora.

Es mentira que nuestro sistema de elección presidencial sea parlamentario. Eso dice la ley pero no mis ojos ni mis oídos cuando veía y escuchaba a Chaves en campaña electoral en calidad de Candidato a la Junta de Andalucía. Él se ha llevado la bicicleta de la legitimidad democrática mientras dejaba pegado su cartel en la pared, y a setenta mineros de Boliden casi dos meses acampados frente al Parlamento. Como aquel obrero depresivo, hemos encontrado al ladrón en Madrid pero no podemos recuperar la bicicleta a menos que robemos otra. Y no lo haremos. Porque aunque muchos piensan que debe perdonarse a quien roba a un ladrón, somos más lo que creemos que quien responde a un mal con otro mal causa dos males.

Cuando dentro de unos años el cronista local revise el 14 de marzo en las hemerotecas, no encontrará por ningún lado que Maribel Martín de Jarcha, La Mari de Chambao y más de 400 personas participaron en uno de los actos más emocionantes que he vivido en el Ateneo Popular de Almodóvar del Río. La única verdad que hallará en la prensa escrita fue que un ladrón robó una bicicleta que devolvió al poco tiempo. Pero no será más verdad que la verdad misma, aunque tenga mejor final que las farsas de Griñán y Antonio Ricci.

lunes, 13 de abril de 2009

Elecciones a Ministro




Antonio Manuel


En una peña, hermandad o comunidad de vecinos, cuando el presidente cesa en sus funciones es sustituido provisionalmente por el vicepresidente y se convoca asamblea para elegir uno nuevo. Así funciona el principio de legitimidad en cualquier sociedad democrática. Menos en Andalucía. No porque en Andalucía no exista democracia. Es Andalucía la que ya no existe.
Cuando al pueblo andaluz le hervía la sangre por las venas, El Turronero cantaba: “Sentrañah míah, ay sentrañah míah, cómo me duelen en el alma las cosas de Andalucía”. Ahora a nadie le duele este enésimo atropello contra nuestra democracia. Porque Andalucía ha muerto. El crimen se cometió hace demasiado tiempo. Tanto que ni apesta. La gente se acostumbró al mal olor y a convivir con los gusanos. La noticia se hizo pública en Semana Santa. En vacaciones. Practicando las mismas maneras fascistas que cuando se hacían coincidir los Madrid-Barça en primero de mayo. El Judas se llama Chaves. Y el Cristo, Andalucía. Los andaluces salimos a procesionar por nosotros mismos. Pero sin pronósticos de resurrección.
Aunque me ha costado entenderlo, ya sé por qué celebramos conjuntamente las elecciones generales y autonómicas: los andaluces no votamos al Presidente de la Junta sino a un Ministro del Estado. Aquel señor sexagenario que veíamos por televisión no pedía su voto para ser Presidente. No. Esta vez quería ser Ministro. Hizo coincidir de nuevo ambas convocatorias para ayudar al partido que preside a ganar en España. Y lo consiguió gracias al voto inocente de muchos andaluces a los que ha utilizado como meros instrumentos al servicio del Partido. El único. El soberano. El que lo decide todo. Porque al verdadero Presidente de Andalucía no lo eligen los andaluces. No. Lo nombra el Partido. Democráticamente. Por unanimidad.
Manuel Chaves pasará a la historia como el Fernando VII andaluz que enterró la utopía democrática y popular del 4 de diciembre y del 28 de febrero. Asesinó políticamente a Andalucía convirtiéndola en un espacio invisible al sur de España. Utilizó al pueblo andaluz como granero de votos en las generales; nos asignó un estatuto bisagra para compensar la fuga competencial catalana y vasca; prostituyó el espíritu de la deuda histórica convirtiéndola en un pagaré; transformó la reforma agraria en el parasitismo del PER…
Pero como el Mesías o Franco, también hizo cosas buenas: nos trajo las aguas del Guadalquivir para que las pintemos de verde y blanco. Porque todo lo demás sigue igual que hace treinta años. Como escribe Francisco Rosell, “treinta años de nada”: Andalucía ocupa el penúltimo lugar del crecimiento en España, muy por debajo de la media; el último lugar en desempleo y educación…Y ahora se nos va a Madrid, donde ideológicamente siempre estuvo. Con el silencio cadavérico del pueblo andaluz. Yo iré al pleno del Parlamento. Y llevaré mi pancarta pidiendo elecciones propias para Andalucía. Y papel higiénico para que se limpien el culo con la deuda histórica. Porque sé que ganaré el juicio de la historia. Ese que perdió Chaves hace demasiado tiempo.

lunes, 6 de abril de 2009

Que se muera



Antonio Manuel



Tengo la inmensa fortuna de vivir en un pueblo. A poco espacio y tiempo de la naturaleza. La semana pasada subí a mi hijo al coche para enseñarle que el verde no nace combinando las témperas azul y amarilla, sino de la única función que aún no hemos sido capaces de hurtarle a dios: la fotosíntesis. Abrí la verja privada que cierra un sendero público y caminamos por el campo que nos dejan entre alambrada y alambrada. Mi hijo me preguntaba por el nombre de las cosas. De las piedras. Del agua. Y yo jugué a inventármelos. Hasta que me señaló un árbol. Y otro. Y otro. Y no quise disimular mi ignorancia. No lo sé, le dije. Y él me contestó con unos ojos nuevos, líquidos y defraudados, que habitarán perennes en el barbecho de mi memoria.

No sé cómo se llaman los árboles. Ni cómo se plantan los tomates. Ni distinguir el trigo de la cebada. Pero sé encontrar la comida en las estanterías de los supermercados. Igual que un marginado en Nueva Delhi o un millonario en Nueva York. Esa misma mañana compré los avíos para un guiso. Mientras pelaba los ajos me di cuenta que venían de China. Me limpié las manos y llamé a mi padre para que enseñara a mi hijo a plantar pimientos o lo que sea. Para que aprenda lo que yo no aprendí. Para que viva con los pies en la tierra y no de espaldas a ella. Eso que Daniel Goleman llama ahora “inteligencia ecológica” y que no deja de ser un sucedáneo artificial de lo que hacían nuestros sabios antepasados. Ellos vivían en ósmosis con el paisaje. Nosotros lo destrozamos para cruzarlo en coche.

Diecinueve hombres y una alemana han comprometido una millonada pública para salvar nuestro acceso privilegiado al bienestar consumista, mientras sus diecinueve mujeres tomaban el té con la Reina de Inglaterra. Desconozco si la Canciller tiene pareja o lo que hacía en ese momento. El comunicado oficial del acuerdo tiene seis apartados. Un diario de tirada nacional matiza: “cinco si excluimos el último, de carácter más o menos testimonial, dedicado a la lucha contra el cambio climático”. Ellos tienen claro cómo se llama el enfermo en crisis: economía. Y la llaman mundial porque creen que el mundo les pertenece. El nuevo Mesías lo profetizó así: “El paciente ya ha quedado estabilizado. Ahora le quedan heridas que necesita curar”. Miente. No está enferma la economía mundial sino el mundo mismo. Su cuerpo y su alma. La Tierra y la Humanidad. No hay recursos naturales para que todos los habitantes del planeta vivan como vives tú. Un tercio del maíz que se produce en EEUU se emplea en biocombustible. Y se necesitan 360 kilos para llenar un depósito con la que alimentaríamos a dos niños en un año. Hace falta nueve veces más tierra para producir un kilo de carne que de cereal. Y se ocupa precisamente donde la gente se muere de hambre para que tú te comas una hamburguesa. Yo no quiero que se cure este enfermo para seguir viviendo de espaldas a la tierra que unos cuantos depredamos egoísta e ignorantemente. Debe morir para que al menos bebamos y comamos todos. Ahora y siempre.

sábado, 14 de febrero de 2009

Cardos y flores



Antonio Manuel

No pertenezco a la generación que conquistó la libertad, sino a la que dilapidó la libertad conquistada. Quizá por eso vestíamos de luto instintivo por la modernidad que acabábamos de enterrar. Cada uno pertenecía a una tribu estética para evidenciar que éramos tan libres como manipulables. Siniestros, punkies, tecnos, rockabillys, heavys… Todos tan moral y políticamente vacíos como las canciones que bailábamos en la conquista de la noche. Nuestra única conquista.

Mi generación despreciaba cualquier obra creativa con más de seis meses de antigüedad. Por eso ni siquiera me digné a escuchar lo que cantaron durante los sublimes 70 aquellos artífices de la libertad que yo estaba gastando. Y mucho menos si no lo hacían en inglés. Y mucho menos si eran andaluces. Hace un mes cayó en mis manos un disco con una Lole hermosamente gitana mirando al suelo en la portada, y un afeitado Manuel que no me quita la vista de encima en la contra. El corte 6 se llama “Todo es de color” y dice así: De lo que pasa en el mundo por Dios que no entiendo ná, el cardo siempre gritando y la flor siempre callá. Que grite la flor y que se calle el cardo: y tó aquel que sea mi enemigo que sea mi hermano. Sigamos por esta senda a ver que luz encontramos, esa luz que está en la tierra y que nosotros apagamos. Me tiembla la sangre cada vez que la escucho.

Siento que vivimos en una sociedad enferma de parálisis emocional. No soy un misántropo. Tampoco un pesimista. Sólo alguien que se sabe nadie y que ha comprobado como hemos pasado de malvivir a malgastar, de la economía de la subsistencia a la de la especulación, del hambre al empacho, del sudor en el surco al sudor del gimnasio, de la lucha por la esperanza a esperar que otros luchen por nosotros. Yo desdeñé conocer los detalles de aquella época en que callaron los cardos y hablaron las flores. La primavera de las utopías. El mayo francés. Praga. Andalucía. Y contribuí con mi soberbia ignorante a que callaran las flores y volvieran a gritar los cardos.

Fácil. Rápido. Cómodo. La gente prefiere robar cochinos que le quiten inmediatamente el hambre, a apostar por una esperanza política que le suponga problemas, tiempo y esfuerzo. La gente ha aceptado ser flor callada en las trincheras y cardo en los bares. Los jóvenes callan frente al atropello intelectual y laboral que les supondrá la estandarización bajo mínimos de Bolonia. Las mujeres callan frente al incremento exponencial del desempleo con papeles y toman el autobús para limpiar las casas de los funcionarios. Casi medio millón en Andalucía. Los partidos echan a los suyos a la calle con pancartas de protesta en blanco porque no saben qué hacer ni qué decir. Un político chilla en televisión contra un ministro que chilla contra una presidenta autonómica que chilla contra un juez que chilla en el silencio de su despacho. Pronto llegará la primavera. Y como decían Triana en su “Todo es de color”: Qué bonita es la primavera cuando llega. Que hable la flor y que calle el cardo.

lunes, 2 de febrero de 2009

Las últimas banderas





















Antonio Manuel

Ella le acerca su ropa limpia y doblada al cuarto de baño. Le pone la mesa. Y le abre las piernas. Para que su marido no le grite. Él le acerca un informe a su jefe y le sonríe a pesar de no compartir su contenido. Ni su halitosis. Para que no le despida. Ellos pertenecen a una peña y aceptan las condiciones injustas que les impone la administración para realizar sus actividades. Acuden con desgana a una exposición que organiza la concejalía de cultura. Para no perder una subvención. Ellas pertenecen a un partido político que defiende justo lo contrario de lo que practican sus dirigentes. Pero les aplauden en sus mítines para ser candidatas. Él es libre. Y escribe contra la opresión del marido, del jefe, de la administración y del partido. Pero está solo. Nadie lo apoya. Ni siquiera la mujer, ni el trabajador, ni los peñistas, ni los militantes a los que defiende. Todo lo contrario. Le atacan.

Un régimen opresor triunfa cuando normaliza la autocensura. Cuando calla la mujer. Y el trabajador. Y el ciudadano. Al principio, por temor a la represalia. Luego, eliminada la disidencia, porque acepta como inalterable y sin alternativa el decorado social, cultural o político que le han impuesto. Si alguno clama ante la injusticia, la masa lo acusa de social traición. Algo habrá hecho. Nuestra democracia recién parida y corrompida ha demostrado sobradamente su incompetencia para curar estas enfermedades sociales. No hay espacios comunes para la disidencia. Ni mecanismos jurídicos ni políticos de defensa. La justicia es lenta y costosa para el suicida que quiera enfrentarse a titulo individual contra el poder. Los defensores del pueblo carecen de armas coercitivas para obligar a las administraciones a hacer lo que es justo. Como mucho las declara “entidades entorpecedoras de la justicia”. Pero estas noticias tampoco salen en los telediarios ni en los programas del corazón.

La sociedad necesita con urgencia la creación de estos espacios de encuentro que escapen al control del poder y de la manipulación de los partidos políticos. Talleres de ciudadanía. Sin estructuras jerárquicas. Ni directivos. Ni militantes. Ni financiación parasitaria. Y mientras más fuertes sean, menos echarán de menos los ridículos inventos de participación ciudadana con los que nos castiga esta dictadura partitocrática.

Hace unos años el Taller de ciudadanía de Almodóvar del Río consiguió de hecho parar un PGOU desquiciado que preveía la construcción del Aljarafe cordobés a la altura de Villarrubia. El tiempo lo ha cargado de razón. La zona parece hoy la postal de un bombardeo. Banderas descosidas y rotas. Y edificios a medio terminar. Gracias a la actitud valiente del taller, las secuelas de la crisis no afectaron a las personas ni al entorno de su pueblo. El mismo que concedió el poder a una alcaldesa de IU declarada “entidad entorpecedora de la justicia”, que practica todo lo contrario de lo que pregonan los dirigentes que la apoyan con su presencia, y que castiga con el desprecio social a quien levanta la bandera de la disidencia.