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martes, 19 de mayo de 2009

Permiso para el ecocidio

Caorama 232. 19.05.2009
José Luis Serrano


El principio central del desarrollo sostenible dice que el crecimiento verdadero es igual al crecimiento aparente menos la disminución de patrimonio natural no contabilizada. Desde los primeros gobiernos autonómicos, en Andalucía se había mantenido una alta tasa de crecimiento aparente que escondía en realidad una disminución trágica del patrimonio natural. La Andalucía de los ochenta y noventa del pasado siglo superaba incluso las barbaridades ecológicas del primer desarrollismo, pero, ocultando lo que perdíamos en patrimonio natural, nuestros gobiernos podían convencernos de que teníamos un crecimiento continuo, constante y alto, superior al tres por ciento anual.

Ese crecimiento aparente estaba basado en la industria turística que, a su vez estaba basada en cemento y autovías, ladrillos y coches. Nada menos aparente que el cemento, sin embargo con ladrillos y coches habíamos construido una economía efímera, es decir, insostenible. El crecimiento aparente se ha venido abajo. Nuestro tejido productivo y nuestro mercado laboral han mostrado su debilidad. Hoy tenemos decrecimiento, un millón de parados y una situación de emergencia social.

La pregunta es si seguiremos destruyendo patrimonio natural ahora que eso ni siquiera sirve para mantener un crecimiento aparente. Estos días hemos oído tres respuestas: Felipe González, en el Congreso Internacional sobre la Socialdemocracia ha propuesto cuatro medidas frente a la crisis: bajada de salarios, abaratamiento del despido, energía nuclear e ilegalización de la inmigración. Zapatero en el debate del estado de la nación también ha dado su receta: subvenciones al automóvil, tres mil ochocientos millones de euros para vivienda y construcción y los ya anunciados ocho mil para jardincitos y carreteras.

La tercera respuesta es la de Griñán. En su discurso de investidura habló de ‘sostenibilidad’, esta es la buena noticia. La mala es que pronunció la palabra una sola vez y en el siguiente contexto: sostenibilidad sí, pero también económica.

El más claro es Felipe: dice lo mismo que Berlusconi o Rajoy. El más decepcionante, Zapatero: nos había prometido un ‘republicanismo verde’ que ha resultado ser un verdadero fraude. El más preocupante Griñán: ha lanzado un mensaje claro de tolerancia en la disciplina ambiental. Los alcaldes más depredadores habrán tomado nota. Las generaciones futuras también

martes, 12 de mayo de 2009

MÍTINES, MENTIRAS... Y ESTADÍSTICAS


Andrés Sánchez Hernández

Dice Zapatero en los mítines que hay que cambiar el modelo económico, que hay que “pasar del ladrillo a los ordenadores y la educación”, y que la salida a la crisis está en la “economía verde”. Cuando las cosas iban bien (o mejor dicho, parecían ir bien) no es que mostrase mucho interés en este “cambio de modelo”. Verdes y ecologistas lo sabemos bien, e incluso la ministra Narbona sufrió las iras del presidente productivista, el mismo que presumía de adelantar en renta per cápita a Italia o estar a punto de alcanzar a Francia. Era el “España va bien”, "tuneado" por Zapatero. Tan convencido estaba el presidente que convirtió en cuestión de estado pronunciar la palabra “crisis”. En los últimos días Zapatero ha sufrido una de sus numerosas metamorfosis: ahora se ha convertido en el campeón de la lucha contra la crisis, y el abanderado del “nuevo modelo”. Pero no es eso lo que dicen sus políticas.

Dicen que hay mentiras... y estadísticas. En este caso, parece que las cifras nos van a dar una información más cercana a la realidad que las palabras y declaraciones del presidente. En resumen: el presidente dice que hay que ir a un nuevo modelo. Pues que empiece con su gobierno. Porque por cada euro que destina al “nuevo modelo” dedica 9 a mantener el viejo. Vayamos por partes.

1) Cambiar ladrillos por educación. Muchos lo decíamos cuando teníamos que haber actuado: antes de que estallara la burbuja inmobiliaria. Burbuja que ignoró el PP (Cascos afirmaba que la subida de precios de la vivienda era señal de la buena salud del mercado y de la prosperidad de los ciudadanos), pero que el PSOE ayudó a hinchar (véase la política urbanística de la Junta de Andalucía y de los ayuntamientos socialistas), y que Zapatero mantuvo durante su primera legislatura. Muerto el perro, se acabó el ladrillo (menos para Santiago Herrero, de la Confederación de Empresarios de Andalucía, que añora el desarrollismo franquista: construcción y turismo)... ¿o no? Veamos el Plan E, el conjunto de medidas del gobierno de España para combatir la crisis. Resulta que dedica 3.800 millones para vivienda y construcción, adicionales a los previstos en otros años y actuaciones, como inversión extraordinaria. A educación... 270. Es decir, por cada euro adicional invertido en educación, para “cambiar el modelo”, ZP destina 14 al ladrillo. Aparte están los créditos, avales y “titularización” de créditos y préstamos hipotecarios.

2) De la crisis a la economía verde. Resulta difícil encontrar medidas de “economía verde” en el Plan E, supongo que debe referirse a 575 millones para energías renovables, y ahorro y eficiencia energética. Cuenta con otros 470 millones para I+D+i, pero conociendo lo que están dispuestos a considerar como “innovación” o “investigación”, no estoy muy seguro de que puedan incluirse en ese nuevo modelo. Lo que está muy clarito es lo que se destina para obra pública menor, los 8.000 millones para jardincitos, zanjas y nuevas carreteras y aparcamientos (y algún tanatorio) para los ayuntamientos. Y 1.200 millones para apoyo a los vehículos (y alguna carretera que no estaba ya en el Plan de Infraestructuras, PEIT). Es decir, 1.000 millones para el nuevo modelo (suponiendo que toda la innovación sirva para ello) y 9.200 para la vieja industria. 9 euros para mantener los sectores de la crisis por cada uno dedicado a las alternativas.

3) El efecto Mateo. Dicen que el neoliberalismo lo inventaron Hayek y Friedman. Deberíamos ir algo más atrás, unos veinte siglos, hasta el evangelista Mateo: “porque al que tiene se dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mateo 25, 29). Zapatero ha hecho su propia adaptación. Decía el dirigente socialista que esta crisis no la iban a pagar los pobres, sino los ricos. Ha debido faltar a varios consejos de ministros. Supongo que iría al que destina 400 millones de euros más para el desarrollo de la Ley de Dependencia, y al que subió las pensiones. Esta medida necesita, para su cuantificación, de un cierto detalle. El Plan E contabiliza el aumento del 6% este año, pero el impacto real ha de evaluarse en unos 650 millones de euros. Aunque en términos corrientes ha sido mayor, no se puede olvidar que se detrae de la “caja” de la Seguridad Social, que entrará en déficit en unos 15 años (contando con que la economía vuelve a crecer a crecer a ritmos del 3%, claro). Por tanto, lo que se da hoy de más habrá que detraerlo de otros recursos dentro de unos años. Así, cabe estimar como “esfuerzo adicional” de “equidad” el de 650 millones, el resto son costes de oportunidad que se pagarán en el futuro. En total, unos 1.000 millones. La mitad de lo que se le da a los 940.000 españoles más ricos, los que cotizan (o cotizaban) por el impuesto sobre el patrimonio. 2.000 millones de euros que se ahorran el 3% de los adultos más ricos de España. Por otro lado están los 6.000 millones que ha supuesto la devolución lineal de los 400 euros por IRPF. Medida que tampoco ha beneficiado a los sectores menos pudientes: de hecho, sólo lo cobran en 42% de los adultos con mayores ingresos. El 58% de los adultos no reciben ni uno solo de los 400: el 58% de los que tienen menores ingresos. A esos consejos de ministros no iría el Presidente. Porque lo que ha conseguido es que el millón de españoles con más recursos se ahorran en impuestos más de 2.600 euros, mientras que los pensionistas más humildes mejoran sus ingresos en unos 300 al año. En resumen, 1.050 millones para la igualdad, y 8.000 millones para la desigualdad. ¡Sin Plan E, España sería más igualitaria!

El Plan E debería derogarse. Esperaba que ese fuese el anuncio estrella de Zapatero en su discurso en el debate "sobre el estado de la nación". No lo ha hecho: ha vuelto a las andadas y anuncia una “ley de economía sostenible”. Esperaremos a los números. Porque ya empezamos a conocer las cuentas de ZP. Como su “Plan E”, la respuesta “socialista” a la crisis: 2.300 millones de euros para financiar el “nuevo modelo”... a cambio de mantener el viejo con 21.000 millones. 1 para el nuevo, 9 para el viejo; 1 para el nuevo, 9 para el viejo; 1 para el nuevo, 9 para el viejo... Lo dicho, hay mítines, mentiras... y (benditas) estadísticas. Por cierto, hasta ahora hablado de España, ¿y Andalucía? Pues... Eso me pregunto yo. ¿Y Andalucía?

viernes, 1 de mayo de 2009

Granjas de lobos

Antonio Manuel

En un departamento norteño de Estados Unidos, manadas de lobos estuvieron a punto de acabar con la ganadería vacuna. Quizá, su principal fuente de riqueza. El gobernador propuso como medida paliativa subvencionar a los furtivos con un buen puñado de dólares por lobo muerto. Pasado un año, la población de reses había vuelto a descender drásticamente, a pesar de que el sacrificio de lobos seguía en aumento. Dado que ni al gobernador ni a las arcas públicas le salían las cuentas, se decidió no pagar más a los cazadores. Los bosques se plagaron entonces de lobos, acabaron con las vacas, mataron a centenares de seres humanos, se disparó la alarma social, y el ejército tuvo que encargarse de la matanza indiscriminada de los animales salvajes. Durante la operación, los militares encontraron abandonadas numerosas granjas de lobos.

Mientras nuestra economía se contrae como una pupila deslumbrada, los beneficios de las principales entidades de crédito se dilatan como una pupila en la oscuridad. No se trata de una paradoja. Es un fraude. Los gobiernos que se taparon los ojos para no ver el desastre, decidieron admitirlo sólo en su versión financiera. Y concedieron clandestinamente nuestro dinero a quienes habían provocado su pérdida. Como a los granjeros de lobos. La metamorfosis kafkiana es ridícula comparada con la que han experimentado los bancos y cajas de ahorro. Primero culpables. Luego víctimas. Ahora verdugos.

Admito la necesidad del crédito en una economía virtual como uno de los motores de explosión para salir del estancamiento. Pero rechazo que los gobiernos hayan delegado su concesión en los agentes del mercado financiero. Precisamente en quienes generaron el agujero negro que lo ha fagocitado. Ese dinero que le han dado por la cara es tuyo y mío. Y si se juega con él, que juegue directamente el Estado que lo concede. Porque después yo puedo mandar a la mierda a quien lo haya despilfarrado sin mi consentimiento, pero no puedo hacer lo mismo con el director de un Banco que encima se ha lucrado con él. Esa es la receta del G20, ratificada en el Congreso de los Diputados. Una medida progresista, si en la foto sale Obama o Zapatero; neoliberal, si sale Angela Merkel o Carla Bruni. Todavía el Presidente de cualquier entidad de crédito es infinitamente más poderoso e intocable que el Presidente de un Gobierno.

La perversión se multiplica cuando se demuestra que una Caja intervenida había falseado los beneficios, en un sistema que presumía de ser el mejor controlador bancario del planeta. Nadie puede garantizar que algunas entidades de crédito hayan criado lobos para cobrar las ayudas del Estado mientras se morían las vacas. Hemos sobrepasado los cuatro millones de parados. Más de un millón de familias carecen de ingresos. Dos mil autónomos cierran sus negocios a diario. Y dice nuestro profeta mesiánico que ya ha pasado lo peor. Lo único que lo diferencia de Pinocho es que no lo crece la nariz cuando miente. En lo demás, son prácticamente iguales: muñecos articulados de madera que mueven desde arriba.