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miércoles, 22 de julio de 2009

OLVIDÉMOSNO DE LA DUCHA CORTA










Derrick Jensen
¿Acaso alguna persona en su sano juicio de lanzaría de cabeza al cubo de la basura para parar a Hitler? ¿O creería que el hacer compost habría acabado con la esclavitud o lograría la jornada de ocho horas de trabajo? ¿Se creería que cortar leña y acarrear agua habría sacado a los presos de las cárceles zaristas, o que bailar desnudo alrededor del fuego ayudaría a elaborar la ley de derecho al voto de 1957 o la ley de derechos civiles de 1964? Entonces, ¿por qué ahora, con el mundo entero en juego, hay tanta gente que se retrotrae a las “soluciones personales”?

Una parte del problema es que hemos sido víctimas de una campaña sistemática de desorientación. La cultura del consumo y el pensamiento capitalista nos han enseñado a sustituir por actos de consumo individual la resistencia política organizada. “Una verdad incómoda” ayudó a elevar la conciencia sobre el calentamiento global. Pero ¿se dieron ustedes cuenta de que todas las soluciones que presentaba tenían que ver con el consumo personal, con cambiar las bombillas a bajo consumo, inflar las ruedas, conducir la mitad, etc. y que no tenían nada que ver con quitar el poder a las grandes empresas o parar el crecimiento económico que está destruyendo el planeta? Si cada persona en los EE. UU. hubiese hecho lo que la película sugería, las emisiones de carbono de los EE. UU. se habrían reducido apenas un 22%. El consenso científico es que hay que reducir al menos el 75% de las emisiones.

O hablemos del agua. Oímos con mucha frecuencia que el agua empieza a escasear en el mundo. Hay gente que muere por falta de agua. Los ríos se van secando por falta de agua. Es por ello por lo que tenemos que darnos duchas más cortas. ¿Ven la desconexión? ¿Soy acaso responsable del agotamiento de los acuíferos por darme duchas? Pues no, porque más del 90% del agua que utilizan los seres humanos la consume la agricultura y la industria. Y el 10 por ciento restante se divide entre los usos municipales y el consumo humano real. En general, los campos de golf municipales consumen tanta agua como los habitantes de los municipio. Los seres vivos (humanos y peces) no se están muriendo porque el mundo se esté quedando sin agua, sino porque el agua se está robando.

Hablemos de energía. Kirkpatrick Sale lo resumió con acierto: La historia se ha repetido en los últimos 15 años: el consumo residencial individual en coche privado es apenas un cuarto de todo el consumo; la gran mayoría del consumo (energético) es comercial, industrial, corporativo de la agricultura mecanizada y gubernamental (olvidó mencionar el militar). Por tanto, incluso aunque todos nosotros fuésemos en bicicleta y nos calentásemos con estufas de leña, ello supondría un impacto inapreciable en el uso energético, en el calentamiento global y en la contaminación atmosférica”.

O hablemos de desechos. En 2005, la producción municipal de basura fue de unos 705 kilos per capita (en realidad, lo que ponemos en el cubo de la basura) en los EE. UU. Supongamos que es usted un activista muy exigente y con una forma de vida muy sencilla y reduce esto a cero. Recicla todo. Lleva las bolsas de la ropa apara hacer compras. Arregla el tostador, sus dedos sobresalen por la puntera de sus zapatillas. Pues aún así, no es suficiente. Dado que la basura municipal no sólo incluye a la residencial sino también la que emana de las oficinas públicas y de los negocios, se va en manifestación a estas oficinas, con los panfletos de reducción de desechos en la mano y les convence para eliminar la parte de la basura que a usted le corresponde. Vaya, hay malas noticias: la basura municipal apenas supone el 3 por ciento de toda la producción de residuos en los EE. UU.

Trataré de explicarme. No estoy diciendo que no debamos vivir de forma más sencilla. Yo mismo vivo de forma razonablemente sencilla, pero no creo que el no comprar mucho (o no conducir mucho o no tener hijos) sea un poderoso acto político o que sea profundamente revolucionario. No lo es. Los cambios personales no significan cambios sociales.

Por tanto ¿cómo es que ahora y especialmente con el mundo en una encrucijada, hemos llegado a aceptar estas respuestas absolutamente insuficientes? Creo que en parte es porque estamos en un doble aprieto. Y un doble aprieto es cuando se ofrecen varias opciones, pero sea cual fuere la escogida, siempre se pierde y no es posible retirarse.

A estas alturas, debería resultar bastante fácil reconocer que cada acción que implica a la economía industrial es destructiva (y no deberíamos pretender que la energía solar fotovoltaica, por ejemplo, nos sacará de esto, ya que también exige minería e infraestructuras de transporte en cada punto del proceso de producción; y lo mismo puede decirse de cualquier otra tecnología de las llamadas “verdes”. Por tanto, si elegimos esta opción, si participamos ávidamente en la economía industrial, podemos creer a corto plazo que ganaremos, porque acumulamos riqueza, que es el signo del “éxito” en esta cultura. Pero, en realidad, perdemos, porque la civilización industrial está acabando con el planeta, lo que significa que todo el mundo pierde. Si elegimos la otra opción, la de vivir de manera más sencilla, esto causa menos daño, pero no se consigue evitar que la economía industrial acabe con el planeta y podemos llegar a pensar a corto plazo que ganamos, porque nos sentimos más puros e incluso no tenemos que dar todo de nosotros (apenas lo suficiente para justificar que no se pare el horror), pero también en este caso realmente perdemos, porque la civilización industrial sigue cargándose el planeta, lo que significa que todos perdemos.

La tercera opción, que consiste en actuar de forma decisiva para frenar la economía industrial, produce mucho miedo por varias razones, incluyendo alguna, aunque no sólo esa, de que perdemos algunos de los lujos (como la electricidad) a los que nos hemos acostumbrado desde que nacimos y por el hecho de que aquellos que están en el poder pueden intentar matarnos si impedimos, de forma seria, su capacidad de explotar al mundo, aunque ninguna de estas razones altera el hecho de que sea una opción mejor que la de un planeta muerto. Cualquier opción es mejor que la de un planeta muerto.

Además de lo improbable de promover los tipos de cambios necesarios para evitar que esta cultura termine aniquilando el planeta, hay al menos otros cuatro problemas al considerar los sencillos modos de vida como un acto político (contrariamente a vivir de forma sencilla porque es lo que uno desea hacer). El primero es que se postula sobre la errónea noción de que los seres humanos necesariamente dañan su entorno. Vivir de forma simple como un acto político, consiste solamente en reducir el daño, ignorando que los seres humanos pueden ayudar a la Tierra tanto como pueden dañarla. Podemos rehabilitar los cauces, podemos eliminar los efluentes invasivos, podemos eliminar las (re)presas, podemos trastocar el sistema político inclinado hacia los ricos y hacia los un sistema económico extractivo, podemos destruir el sistema económico que es destruir el mundo real y físico.

El segundo problema, y éste es considerable, es que asigna la culpabilidad a las personas y muy especialmente a los más desfavorecidos), en vez de adjudicarla a aquellos que realmente detentan el poder en este sistema y al sistema en sí. Kirkpatrick de nuevo: “La culpabilización absolutamente individualista del qué-puedes-hacer-tú-para-salvar-la-tierra es un mito. Nosotros, como individuos, no hemos creado la crisis y no podemos resolverla”

El tercer problema es que aceptamos la redefinición capitalista que nos convierte de ciudadanos en consumidores. Al aceptar esta redefinición, reducimos nuestras posibles formas de resistencia a consumir o a no consumir. Los ciudadanos tienen muchas más tácticas de resistencia a su disposición, incluyendo el votar, o no votar, postularnos, hacer panfletos, boicotear, organizarnos, agruparnos, protestar y cuando un gobierno atente contra la vida o la libertad y contra la búsqueda de la felicidad, tenemos el derecho de alterarlo o abolirlo.

El cuarto problema es que el punto final de la lógica que subyace bajo las formas de vida sencillas, entendidas como un acto político, es suicida. Si cada acto en una economía industrial es destructivo; si deseamos frenar esa destrucción y si no tenemos voluntad o somos incapaces de preguntarnos (y mucho menos de destruir) las infraestructuras intelectuales,, morales, económicas o físicas que hacen que cada acto de la economía industrial sea destructivo, entonces se puede llegar a creer que causaremos la menor destrucción posible si morimos.

La buena noticia es que hay otras opciones. Podemos seguir los ejemplos de los valientes activistas que vivieron en tiempos difíciles. He mencionado la Alemania nazi, la Rusia zarista, a los pacifistas estadounidenses que hicieron mucho más que manifestar su pureza moral; se opusieron activamente a las injusticias que les rodeaban. Podemos seguir el ejemplo de aquellos que recordaron que el papel de un activista no consiste en navegar en los sistemas opresivos con tanta integridad como sea posible, sino más bien en enfrentarse y derribar estos sistemas.
Publicado en Orión Magazine (http://www.orionmagazine.org/index.php/articles/article/4801).
Traducido por CRISISENERGÉTICA (http://www.crisisenergetica.org)

martes, 14 de julio de 2009

ENERGÍAS RENOVABLES, UNA SALIDA A LA CRISIS

Mario Ortega

Resolver la cuestión de la energía es esencial para el futuro de la humanidad. En Andalucía, avanzar hacia un sistema energético renovable produciría un efecto sinérgico beneficioso en los ámbitos económico, social y ambiental. Las energías renovables, en el contexto actual de crisis estructural, son nuestra tabla de salvación. Sus tecnologías tienen la fiabilidad suficiente para abastecernos con seguridad y garantías. Están distribuidas por toda la geografía y tienen un enorme potencial de generación intensiva de empleo. Solo es necesario un cambio de dirección de las políticas estatales, autonómicas y locales.

El ámbito político/ideológico que hace ya bastantes años apostó por un cambio de modelo energético, promoviendo una desconexión progresiva del sistema fósil y su reconexión a las renovables, hay que decirlo en justicia, es el ámbito de la ecología política. La ecología política se sustenta sobre tres hallazgos esenciales sobre los que crecen sus propuestas económicas. A saber, el crecimiento indefinido y permanente no es posible en un mundo limitado; todas las propuestas tecnológicas y económicas han de ser visadas por el Principio de Precaución; la economía es un subsistema humano contenido en la ecología.
Vivimos tiempos de crisis en los que las previsiones de voces muy autorizadas se están cumpliendo a ritmo acelerado. Advertían que el modelo económico basado en la necesidad de crecimiento permanente era insostenible. Tal conclusión era científica, respondía a la observación. Los recursos del plantea son limitados –la Tierra es un sistema termodinámico cerrado que solo intercambia energía radiante con el exterior.– Sin embargo, el sistema productivo construye su crecimiento actuando como un sistema abierto que intercambia materia y energía con su entorno terrestre. Esta mecánica del crecimiento ha puesto de manifiesto que las acciones humanas no son inocuas. La apisonadora tecnológica, al servicio de la obtención y transporte de recursos naturales –materias primas y combustibles fósiles–, y del incremento de las mercancías, destruye a velocidad endiablada nuestra “condición de posibilidad” que es la naturaleza, con toda su compleja trama de relaciones ecosistémicas.

La economía ecológica no impugna el mercado, no cuestiona los principios ilustrados, incluido el derecho a la propiedad privada, no es un nuevo comunismo, lo que critica es un modelo que no ve las paredes de la habitación en la que se desenvuelve. Frente a los análisis que advertían del peligro del modelo, la economía mundial comandada por el FMI, el G8, la OMC, o la OPEP, entre otros entes globalizadores, impulsó el crecimiento acelerado con políticas económicas ultraliberales en todos los países, y permitió productos bursátiles cada vez mas sofisticados que enmascaran la imposibilidad física de crecimiento ilimitado. Consecuencia: una burbuja de valores bursátiles sin correspondencia con la realidad ha estallado a los mismos pies del templo. Antes, ya era perceptible que materias primas y combustibles, imprescindibles para alimentar la hoguera, entrarían en curvas de disponibilidad con pendiente negativa. No se encuentran nuevas reservas de crudo suficientes para satisfacer el crecimiento de la demanda en los próximos 20 años. Durante esta década se alcanzará el “pick oil” (probablemente ya se haya superado), un punto de no retorno que indica que las reservas mundiales de petróleo comienzan a disminuir.

Por otro lado, el actual modelo energético es el causante del cambio climático –otra evidencia científica que solo cuestiona la nueva inquisición ultraliberal.– El cambio climático es causante de daños económicos y de catástrofes ambientales. Luchar contra el calentamiento global es más barato que acometer los costos económicos, sociales y ambientales de sus consecuencias. Prevenir antes que curar. La escasez de agua se agravará y la agricultura se verá muy afectada. A día de hoy, estas afirmaciones no son pronósticos sino realidades cotidianas.

Bajo las premisas planteadas, habremos de analizar las economías en términos de flujo de energía real y potencial, y de entropía, o energía agotada no disponible. La economía, para seguir contribuyendo a la gestión de nuestra casa común, deberá tener en cuenta la 1ª y la 2ª Ley de la Termodinámica. La economía ecológica es el único modelo alternativo disponible para afrontar las crisis que se ciernen sobre la humanidad y la vida en el planeta tierra. Repensar la fabricación y diseño de los productos de consumo, cerrar los ciclos de producción, imitar los procesos y diseños naturales, aumentar la eficiencia en el uso de recursos, reconvertir el modelo agrícola intensivo hacia la agricultura ecológica, cambiar el modelo de fiscalidad para introducir las afecciones medioambientales y sociales de los procesos productivos, y utilizar para todo ello la energía solar, son necesidades imperiosas.

Si vemos como construye la naturaleza su asombrosa estabilidad y su capacidad de biopoyesis, esto es, como genera biodiversidad y como ésta se reproduce, comprobaremos que lo hace a costa de una esencial fuente externa de energía y de entropía negativa (negentropía), la procedente del sol. Si logramos que nuestro modelo económico se aproxime cada vez mas, en su actividad productiva, al metabolismo natural, estaremos introduciendo un factor de estabilidad en nuestra economía, libre de avatares geopolíticos. La posición geográfica de Andalucía permite vivir del sol.

Las empresas que apuesten por reconducir o abrir nuevos campos de actividad dentro del sector renovable, las universidades que impulsen investigación y transferencia tecnológica para la utilización de los recursos renovables, la ciudadanía concienciada de que es necesario dar respuestas colectivas en virtud del interés general, y la política que apueste decididamente por impulsar la transformación del modelo fósil hacia el modelo renovable, estarán asumiendo la responsabilidad corporativa y social necesaria para sacarnos de la crisis económica, financiera, ambiental y social que percibimos. Para ello, para dibujar un nuevo proyecto de futuro colectivo, son necesarias medidas legislativas contundentes, con objetivos energéticos renovables ambiciosos y definidos. Una obligación político-social de primera magnitud.