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domingo, 7 de junio de 2009

Dación en pago


por Antonio Manuel

A qué extremo hemos llegado para que los andaluces debamos pedir permiso o disculpas al opinar sobre Andalucía. A qué extremo hemos llegado para que sea más cool esperar a que lo haga Obama en El Cairo. Pero tengo la obligación moral de hacerlo, aunque sólo sea porque vivo aquí y me afectan directamente las decisiones políticas que se adoptan sobre nuestras competencias y su financiación.


    ¿Cuántos medios dieron la noticia de la reciente y enésima negativa parlamentaria del PSOE, con la infamante ausencia de Griñán, a que Andalucía celebre sus elecciones propias? ¿Y cuántos han cubierto la información del cambalache de la deuda histórica amañado entre los Gobiernos central y autonómico? Por supuesto no la RTVA. Precisamente, la que pagamos tú y yo. La única que tiene la obligación legal de difundirla con la relevancia y el pluralismo que merece. Justo lo que no lleva haciendo desde los últimos 30 años. Justo lo que le costó la dimisión al penúltimo presidente del Consejo Audiovisual de Andalucía.

    El pago en especie de la “deuda histórica” es un escándalo intolerable. Y un atentando político y jurídico contra la indolente Andalucía, de nuevo convertida en la Tercera España. La clandestina. La invisible. La “deuda histórica” se incrustó en el primer estatuto como una línea de crédito abierta hasta que Andalucía alcanzara los niveles medios del Estado en los servicios esenciales para la comunidad. Pero nuestra posición relativa no ha cambiado.

    Cuando España entró en Europa, Andalucía representaba el 3% del territorio, el 2% de la población y el 1% por PIB comunitario. Hoy somos el 2% del territorio, el 1,5% de la población, y seguimos siendo el 1% del PIB de la Unión Europea. El nuevo estatuto transformó la línea de crédito en un cheque cruzado. Se aprobó en un miserable y mísero referéndum. La cuantificaron de manera ridícula incumpliendo el plazo estatutario. Y ahora la quieren pagar con otra cosa sin nuestro consentimiento.

    Los socialistas de allí y de aquí (que también son de allí) dicen estar amparados en la “compensación” regulada en el Código Civil. Además de mentirosos, ignorantes. Pagar con otra cosa distinta de la debida es una dación en pago, no regulada en el Código Civil. Para su validez se exige que medie un acuerdo del mismo rango jurídico entre las partes; que la nueva prestación sea distinta y guarde “cierta” equivalencia con la otra; y que sea entregada al acreedor.

    En consecuencia, si la deuda histórica nació de un referéndum, para cambiar su objeto hace falta volver a preguntar al pueblo andaluz. La nueva prestación tiene que costar y valer lo mismo que la antigua para satisfacer nuestros intereses. Es como si debes comida a un hambriento y le pagas con una máquina de escribir. A los andaluces nos quieren pagar con suelo para equipararnos al resto en educación o sanidad. Qué disparate. Y por último, no hay dación sin pago. Mientras no se entregue efectivamente la nueva prestación sólo se debe lo que se debía: nuestra dignidad pisoteada, eso sí, con nuestro consentimiento.



jueves, 26 de febrero de 2009

"Resiliencia"


Por Antonio Manuel Rodriguez

La resiliencia mide la capacidad física de un material para recobrar su aspecto primitivo después de sufrir una deformación. Yo mismo tuve un coche con los laterales delanteros hechos de un plástico que soportaba con extraordinaria entereza los impactos. Exportado al ámbito de la psicología, la resiliencia mide la capacidad de una persona o grupo para sobreponerse a traumas vitales y proyectarse fortalecido en el futuro.



    Etimológicamente, resiliencia proviene del latín “resillium” que significa volver atrás. El concepto se integra en nuestro himno como una herida abierta entre el deseo permanente y la permanente insatisfacción: “los andaluces queremos volver a ser lo que fuimos”. Sólo una vez llegamos a conseguirlo. Ocurrió el 4 de diciembre de 1977.

    Ese día, el pueblo andaluz derogó la letra de su himno como quien mata una utopía: haciéndola realidad. Porque ese día, los andaluces volvieron a ser lo que fueron. Libres. Conscientes de su memoria. Dueños de su destino. Pero durante un sólo día. Aquel 4 de diciembre los andaluces lanzaron una ráfaga de fuegos artificiales que inundó sus ojos de colores y esperanzas.

    Luego se fueron apagando lentamente hasta que un 28 de febrero de 1980 volvimos a ser lo que somos. El final de lo que Blas infante denominó era flamenca. Por eso algunos decidieron que fuera nuestro día oficial. Para mí y para muchos siempre lo será aquel 4 de diciembre. El día que Andalucía encarnó el paradigma de la resiliencia.

    Sin lugar a dudas, la tragedia que ha marcado para siempre la historia sentimental de nuestro pueblo fue la definitiva expulsión de moriscos y judíos. Desde entonces se instaló en el subconsciente colectivo una falsa identidad nacional española basada en el rechazo a la diferencia.

    Todos moros o todos cristianos. Una huella de racismo genético que han heredado nuestros hijos. Aquellos moriscos o judíos que aceptaron quedarse tuvieron que hiperbolizar su nueva condición católica y limpia de sangre para evitar la muerte. La resiliencia que demostraron permitió creaciones de tal excelencia como la transformación de la llamada íntima al salat en saeta: la epifanía doliente y pública del converso. La aceptación y la creatividad son las mejores armas del resiliente.

    Y Andalucía compuso con ambas su idiosincrasia. Es cierto que ha olvidado buena parte de su memoria consciente. Y también es cierto que la homogeneidad cultural impuesta por la globalización, pronto hará que pierda la inconsciente. Pero lo más imperdonable es que hayamos perdido nuestra capacidad innata de resiliencia por la simple apariencia de vivir bien. Si no sientes la opresión, no sientes la necesidad de resistir.

    El infausto 18 de febrero de 2007, el día en que dos de cada tres andaluces rechazaron o ignoraron su nuevo estatuto, marcó el final de este ciclo sin que se aviste el comienzo de otro. Sólo anestesia y más olvido. Hasta hoy. La pandemia económica nos ha caído a plomo y volverá a poner a prueba nuestro nivel de resiliencia: el material que compone el alma de Andalucía.


    Antonio Manuel es escritor, músico, jurista, profesor, y activista social, cultural y político. Doctor en Derecho y Profesor de Derecho Civil en la Universidad de Córdoba.